Mi hijo/a no quiere ir al instituto

Pueden ser varias las razones por las que nuestro hijo/a no desea ir a su instituto. Sabemos que es el lugar de socialización y aprendizaje que más va a influir en su etapa de adolescente, de los 12 hasta 16 años,. Otro espacio de influencia será su grupo de amigos, con los que se relaciona en su tiempo libre, en la calle, online a través de los videojuegos, o por las redes sociales.

La primera idea que nos viene a la cabeza es » mi hijo es un vago, no quiere hacer nada». Esta lectura simplista de la situación suele ser el 10 % de las razones por las que un chico/a abandona sus estudios.

Sin embargo, tenemos un 90 % de las situaciones donde la persona no sabe por qué no quiere ir al instituto. No sabe la razón por la que  ir al instituto le angustia, porque tienen miedo, rechazo, evitación. Va a realizar acciones para evitar esta situación de ir al instituto y tener que enfrentarse a sus sentimientos.

El problema puede ser de distinta magnitud y gravedad, la persona no sabe el motivo exacto de su rechazo, y además no cree tener capacidad suficiente para resolver la situación y esto le está generando un conflicto personal, académico, familiar y social que cada vez se le hace más grande, el efecto «bola de nieve» y más difícil de resolver.

Cuando la comunicación en la familia no es buena, recibimos estas situaciones como incomprensibles  y en muchas ocasiones nos superan en nuestro día a día. No entendemos su comportamiento y se sienten incapaces de compartir sus problemas con nosotros, hasta el punto de evitar el contacto para no hablar con nosotros,  salvo para exigir sus derechos o sus necesidades económicas y de libertad, casi siempre.

Cuando a nuestro hijo/a le suceden situaciones que no sabe cómo resolver como algún conflicto en el instituto, asignaturas suspensas que no se esperaba, rechazo escolar por parte de su grupo de amigos/as, inseguridad a causa de los físicos cambios de su imagen personal, cualquier otra situación de inseguridad. Lo natural, sería comentar esta intranquilidad a sus padres y que juntos encontrasen una solución al conflicto.

Pero  a esta edad pasa lo contrario, cuando nuestro hijo/a viene con un problema de la escuela, nuestra reacción  puede ser indiferente, minimizamos la situación y pensamos  que el tiempo y la madurez que necesita lo resolverá. Otras familias más protectoras, tomarán el conflicto como suyo, y querrán resolverlo sin él, o depositar toda la responsabilidad en sus manos, sin tener en cuenta si tiene las herramientas necesarias para resolver la situación.

Esta respuesta sobreprotectora  de solucionar el problema nosotros o «dejar hacer» por parte de la familia, hace que la persona sienta que no ha conseguido incrementar sus capacidades para solución del conflicto y esto provoca que disminuya su seguridad y autoestima, creando un pensamiento negativo sobre si mismo y sobre sus competencias, de forma que volverá a repetirse esta situación.

La propuesta que expongo en este artículo consiste en saber acompañar en el conflicto ofreciéndole nuestra experiencia y conocimiento siempre que respetemos su espacio, su evolución y su ritmo en la resolución y sus capacidades en ese momento, dándole el soporte necesario parta que vaya resolviéndolo por partes.

La educación de nuestros hijos/as tiene ser configurada día a día, y somos nosotros/as somos quienes debemos estar presentes en los  pequeños problemas que  nos manifiestan, en sus cambios de humor,… Pueden llegarnos imputs por que nos lo verbalicen directamente o que que aparezcan como resultado de acciones que observamos o nos llegan por terceras personas, fracaso académico, absentismo escolar, partes de expulsiones.

Tenemos el deber de ser referentes claros para dar seguridad y apoyo incondicional en esta etapa de sus vidas.

La mayoría de las veces, manifestarán un sentimiento de incomprensión y de falta de independencia, pero en el fondo se sentirán apoyados en sus decisiones,  capaces para resolver por sí mismos cualquier situación o conflicto. Necesitan sentirse protagonistas de la solución a su manera, bajo nuestra supervisión y con nuestro modelaje continuo.

Sólo a través de la experiencia en la solución de los conflictos ellos/as serán capaces de modelar su personalidad y de la percepción de competencia en el resultado de su acción. Serán capaces de utilizar las herramientas que disponen para poder enfrentarse a los nuevos retos y decisiones a lo largo de su vida.